El
pasodoble torero es a la vez, alegre y melancólico.
Canta por lo bajo la tristeza de la muerte, en tanto refulge por lo alto el
ramo de rosas de una alegría apasionada.
Tras
la breve introducción, la primera frase se eleva, asciende, crece hasta llegar
al estribillo o trío en cuya repetición se añadirán los adornos de bonitas
glorias interpretadas por la flauta, flautín y/o clarinete y el arte del
contrapunto con saxofones tenores y bombardinos, alcanzando la obra su plenitud
y máxima expansión con el tutti de banda.
Por
otra parte, el pasodoble torero es muy difícil de lograr, porque debe reunir
tres condiciones insispensables:
-
Ha
de ser popular, de modalidad aflamencada
-
Con
cierta melodía valiente
-
Ha
de tener un garbo especial que lleve dentro todo el espíritu de nuestra fiesta
Incluso
podemos comparar -haciendo un ejercicio de imaginación-, el pasodoble con el
toreo y podemos decir que el toreo está hecho de momentos musicales, lo mismo
que el pasodoble.
Así
los diferentes recursos armónicos utilizados por el compositor se pueden
identificar con otros tantos momentos interpretados por el torero:
-
La
semicadencia equivadría a PARAR
-
La
cadencia rota sería TEMPLAR
-
La
cadencia plagal supondría MATAR
-
La
cadencia consonante o decisiva (que son los últimos acordes del pasodoble)
traduciría la suerte suprema.
En
definitiva, el pasodoble es ingrediente indispensable, aliado del torero en las
grandes faenas o cuando pasea los trofeos en la vuelta al ruedo, contribuye a
la vistosidad de un elegante paseillo que despierta en el aficionado de que,
esa tarde, instantes después, va a presenciar magistrales actuaciones de
cuadrillas y matadores de toros, o a veces - en el lado opuesto de la fiesta-
el pasodoble acompaña a las labores que desempeña el mayoral con sus mansos
después de que el presidente muestre el pañuelo verde para devolver el astado a
los corrales.
Los
títulos de los pasodobles hacen referencia a multitud de elementos taurinos,
unas veces forman parte de la plaza de toros, otras del traje de luces, en
ocasiones del público o de la ciudad o país, si bien en la mayoría de los casos
están dedicados al torero.
Casi
todos los toreros de fama tienen algún pasodoble escrito expresamente en su
homenaje, sin embargo, no siempre corren parejas la fama del matador y la de su
pasodoble: es el caso de "Gallito", "Vito", "Angelillo" y "Dauder", pasodobles
famosos cuyos destinatarios no fueron figuras del toreo y al contrario,
pasodobles que no han alcanzado la popularidad se han dedicado a grandes
matadores de toros: "Machaquito", "Guerrita", "Joselito", "Belmonte", etc.
Afortunadamente
ahí están "Manolete". "Marcial", "Domingo Ortega", "Agëro" y otros que si
comparten su calidad con la fama del torero a quien fue dedicado.
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