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   El Relicario

Pasodoble-canción compuesto por José Padilla (1889-1960), dedicado a su querido amigo Don José Pérez de Rozas, con letra de Armando Oliveros y Jose María Castellví, redactores del diario de Barcelona "El Liberal", fue estrenado por Mary Focela en el teatro "ElDorado" de la ciudad Condal en Septiembre de 1914.

 

Aquella primera representación no tuvo éxito, todo lo contrario que la puesta en escena que llevó a cabo Raquel Meller quien, tras analizar el texto y la música, encontró un contrasentido: la música era alegre y la letra triste; es más, la primera parte tiene desplante, majeza que se opone a la segunda, triste y trágica, en la cual se alude a la corrida y a la mortal herida sufrida por el torero.

 

Raquel Meller también reestrenó la obra en "El Dorado" barcelonés y lo hizo vistiéndose de negro con mantilla ancha que le caía sobre la frente, tocando la orquesta con poca intensidad y destinando un único foco luminoso sobre ella.

Era una escenificación desconocida hasta entonces, creyeron que estaba loca, pero pronto se convencieron de lo contrario y fue uno de los mayores éxitos, de manera que el público obligó a repetir la pieza dos veces.

Sin duda la inspiración de José Padilla, tuvo la suerte de contar con las excepcionales cualidades interpretativas de Raquel Meller y el fruto de esa colaboración artística no pudo ser otro que un triunfo internacional.

 

Francisca Marqués López, o mejor, Raquel Meller (1882-1962), nacida en la calle Augusta de San Atilano de Tarazona (Zaragoza), dio a conocer "El Relicario" en el Trianón Palace (hoy teatro Alcázar) de Madrid y lo mismo hizo en el teatro Olympia de París y en el Hipodrome Theatre de Londres en 1920.

Francia quedó asombrada ante Raquel Meller a quién convirtió en ídolo mundial (le concedieron en 1932 la Cruz de la Legión de Honor del Gobierno Francés) y la cupletista, a su vez, deslumbrada por la ciudad de la luz, convirtió a Paris en su segunda residencia y tuvo durante muchos años un palacete en Versalles y una villa en Villefranche.

 

Padilla era por entonces, director de la orquesta del casino de la capital francesa y vivió el gran éxito que supuso la representación de la "Violetera" y "El Relicario".

Paris se rindió ante la música de este compositor almeriense y se inició toda una moda inspirada en esta canción. Había pañuelos Relicario, bastones Relicario, sombreros Relicario, guantes Relicario...

Además el primer año se vendieron en Paris ciento diez mil ejemplares de la edición para canto y piano.

 

Corría el año 1952 y "El Relicario" sirve de fondo a la campaña electoral de Eisenhower. Al reunirse la convención del partido republicano para proclamar su candidato a la presidencia de Estados Unidos, Eisenhower se presenta en la tribuna mientras una Banda de Música ejecuta "El Relicario".

Eisenhower obtuvo la presidencia y este pasodoble quedó ya unido a su nombre y a su triunfo al que, de alguna manera, contribuyó.

 

Con todos los beneficios obtenidos de los derechos de autor, ventas, etc. de "El Relicario", "Valencia" y "La Violetera", Padilla pudo cumplir uno de sus grandes deseos, fue a Italia para conocer personalmente a Giaconno Puccini y alquiló una villa en Viareggio junto a la que poseía el autor de "Tosca", "Madame Butterfly"...

Pero además compró un castillo en Francia y en definitiva, pudo disfrutar del éxito de sus obras allá por donde iba; recorrió Europa, América, Asia y parte de Africa.

Son la música y los viajes lo que definen a este compositor cuyas melodías forman parte del patrimonio artístico y espiritual de nuestro país, de quien fue - sin duda - un gran embajador

 

En todos los rincones de la ciudad se oía:

 

Texto

 

I

El día de San Eugenio,

yendo hacia El Prado le conocí.

Era el torero de más tronío

y el más castizo de "to" Madrid.

Iba en calesa, pidiendo guerra,

y yo al mirarle me estremecí.

El al notarlo, salió del coche

y muy garboso, vino hacia mi.

Tiró la capa con gesto altivo,

y descubriéndose me dijo así.

 

 

ESTRIBILLO

 

Pisa, morena,

pisa con Garbo,

que un relicario,

que un relicario,

me voy a hacer

con el trocito

de mi capote

que haya pisado

que haya pisado

tan lindo pie

 

II

 

Un Lunes abrileño

él toreaba y a verle fui.

Nunca lo hiciera, que aquella tarde

de sentimiento, creí morir.

Al dar un lance,

cayó en la arena;

se sintió herido

miró hacia mí.

Un relicario sacó del pecho,

y yo al instante reconocí

cuando el torero caía inerte,

en su delirio decía así

 

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